Es una burbuja (y no pasa nada por decirlo)

Las burbujas financieras tienen muy mala reputación, y, en parte, puede ser por culpa de los tulipanes. En 1630, el mundo se volvió loco por los tulipanes; una escasez temporal, combinada con la aparición de productos financieros innovadores como los acuerdos de futuros, hizo que su precio se disparara de forma inconcebible. Un solo bulbo de tulipán llegó a costar lo mismo que una casa.

Por supuesto, cosas como esta han dado mala fama al comportamiento irracional, pero seamos objetivos: una burbuja es una burbuja, y no pasa nada por decirlo. La estupidez financiera no significa necesariamente que el activo subyacente sea estúpido.

Por ejemplo, la burbuja puntocom fue una tontería, pero eso no significa que Internet no tenga sentido: ahí es donde guardamos la pornografía y las fotos de gatos (300 millones de gigabytes en total), que no es poca cosa. La burbuja inmobiliaria también fue estúpida (y malvada), pero eso no quita utilidad a las casas: probablemente, tú mismo vivas en una. La burbuja ferroviaria de la década de 1840 fue una locura, pero los trenes siguen siendo maravillosos, incluso aunque no son tan glamurosos como solían ser. La burbuja de las criptomonedas fue completamente absurda, pero eso no significa que fuera… bueno, vale, este sí que fue una estafa.


La cosa es que el mundo tiende a volverse loco por cosas que, de hecho, sí merecen mucha atención, pero no tanta. Puestos a ser honestos, la biotecnología tuvo su burbuja (doble): el valor de capitalización del índice NASDAQ BIO se duplicó de 2013 a 2015, solo para caer un 40% en unos seis meses. El valor de las empresas Biotech tardó 5 años en volver a los niveles de 2015, sólo para dispararse de nuevo en 2020 y estrellarse violentamente en 2022.

La locura inversora de 2020 no fue solo en biotecnología: la pandemia marcó un auge para todas las nuevas empresas tecnológicas. La plataforma de videollamadas Zoom, por ejemplo, valía 160.000 millones de dólares en octubre de 2020 – más que Fiat, Sanofi, Ryanair y BNP-Paribas juntas.

La caída de 2022 fue dura para todos los sectores, y la biotecnología no fue una excepción. La inversión de capital riesgo (“VC”, por la siglas de Venture Capital en inglés) en biotecnología superó los $70.000 millones en 2021 (cuando la inversión VC global alcanzó un récord histórico de $ 640.000 millones), y para 2023 se había derrumbado a aproximadamente $ 15.000 millones anuales, una estrepitosa caída del 80%. Y la resaca continúa: en el segundo trimestre de 2025 solo se invirtieron 4.800 millones de dólares, y la financiación de nuevas empresas alcanzó su mínimo de la década tanto en Estados Unidos como en Europa.

Por todo el mundo, los fundadores de startups que hace poco perseguían valoraciones estratosféricas empezaron (y todavía siguen) a buscar dinero desesperadamente, como peces atrapados en un charco por la marea baja.

Son muchos los sectores ‘paralizados’: fintech, medios de comunicación, aeroespacial, renovables… siendo así, cabe preguntarse si el modelo de Venture Capital (inversiones de alto riesgo/alto rendimiento) todavía tiene sentido: ¿estamos ante la recesión de un ciclo que se disparará de nuevo? ¿O se trata de una transformación profunda, una redefinición de paradigmas que transformará la inversión para siempre?

Responder a esta pregunta parece imposiblemente complejo, pero no he escrito este artículo para acabar diciendo “mmm, los datos no están claros” (para eso, le habría pedido a ChatGPT que juntara “2000 palabras de generalidades sobre inversión”).

Entonces, una respuesta: no, no es una transformación; es un ciclo. Y ya está. Puede que no sea la verdad absoluta, pero sigamos el hilo y veamos si tiene sentido.

La lógica del razonamiento es que hay demasiadas pistas apuntando en la misma dirección, que es que hombres y dinero siguen siendo hombres y dinero, y que los mismos patrones financieros se vienen repitiendo desde el siglo XVI. Lo que vemos hoy es más de lo mismo, y parece lógico deducir que la situación se corregirá como siempre: lenta y dolorosamente.


Es un ciclo

El ciclo básico es el siguiente: impulsados por tasas de interés bajas, excesos de efectivo o simplemente por euforias del mercado, el capital riesgo consigue captar muchísimo dinero, y lo invierte agresivamente en empresas que prometen enormes ‘exits’ (‘salidas’, ventas de empresas con aumentos de valor gigantescos).

Este sistema funcionaba como un cohete en 2020, cuando pedir dinero prestado era casi gratis y las startups se convertían en ‘unicornios’ multimillonarios de la noche a la mañana. Pero luego llegó la inflación, los bancos centrales subieron las tasas de interés, y el modelo de “pedir prestado, comprar a cualquier precio” empezó a verse bajo una luz más incierta. De repente, los inversores tenían opciones más seguras para aparcar su dinero (hola, pisos turísticos y bonos del tesoro), y el miedo a que se te escapara ‘el próximo Facebook’ se convirtió en miedo a pagar una millonada por una empresucha. Los fondos de capital riesgo pararon en seco en 2022-2023, adoptaron criterios mucho más estrictos para invertir, se centraron en apuntalar sus inversiones existentes.

Además, los grandes ‘exits’ desaparecieron en 2022: para 2024, el aumento de valor promedio de las empresas que salían a bolsa era de -50%. Pero los fondos de riesgo necesitan ‘exits’ para mantener contentos a sus inversores, y los inversores individuales (tú mismo, tal vez) necesitan ganar dinero para evitar sentir que están haciendo el tonto. Los fondos vieron cómo sus rendimientos se evaporaban, y sus inversores dejaron de verlo claro, negándose a aportar más capital. Y si a los fondos no se les paga, no pagan. En 2023, los fondos de riesgo a nivel mundial retrocedieron con firmeza: la financiación de ‘startups’ cayó en un 40%.

Con las altas tasas de interés, las inversiones especulativas han tenido el viento en contra, y los fondos han preferido apuestas más “seguras” en empresas con rentabilidades más probables, en lugar de arrojar dinero hacia cualquier CEO con pico de oro.

En pocas palabras, el capital pasó a hacer menos operaciones, y menos arriesgadas: el mercado ha cambiado a una dinámica de “el ganador se lo lleva todo” en la que los inversores ponen la mayoría de su dinero en empresas maduras que están más cerca del éxito. De 2023 a 2024, el número de “megarondas” (+100 millones de dólares) pasó de 42 a 72, absorbiendo casi el 70% del capital riesgo mundial (en comparación con el 41% en 2021)

Y así, el ciclo sigue. Los inversores se vuelven menos propensos al riesgo y, a medida que más y más empresas buscan inversiones de inversores cada vez menos entusiastas, la balanza del poder negociador se desplaza hacia el capital, y las startups tienen que reducir sus valoraciones. Hoy en día, se puede invertir en startups con fármacos revolucionarios probados en ensayos clínicos muy sólidos con valoraciones de 5 a 10 veces más bajas que en 2020. Además, también son mejores empresas: más racionalizadas, menos arrogantes.

A medida que esto pasa, van apareciendo gangas y los beneficios, cuando llegan, se hacen impresionantes. Entonces, otros inversores quieren entrar: ¿qué es este sector tan rentable? ¿Puedo invertir? Y, de nuevo, el capital inunda el sector. Las valoraciones suben. Las empresas se vuelven menos competitivas, fundadores y startups mediocres se vuelven ultravaliosos. Los inversores empiezan a actuar impulsivamente y a pagar precios enormes por empresas que apenas han analizado, y la calidad del activo se vuelve irrelevante para las decisiones de inversión. Los pufos comienzan a explotar. Se entra en pánico. Entonces todo se va a hacer puñetas; el dinero huye a destinos más seguros, los inversores se vuelven alérgicos al riesgo. Las empresas tienen dificultades para levantar fondos y se ven obligadas a mejorar su gestión y bajar sus valoraciones. ¡Y la rueda vuelve a girar!

Y así sucesivamente hasta el fin de los tiempos, amén.


Es una burbuja

Hay un síntoma aún más claro de que el sector de la inversión no se está transformando en absoluto: vivimos una clarísima burbuja especuladora, un trágico pero claro síntoma de que todo sigue igual.

Mientras la inversión se derrumba, hay un grupo de empresas tecnológicas que está descorchando champán: las startups de inteligencia artificial (IA). Es como si toda la atención (y el dinero) del mundo hubiera decidido enfocarse exclusivamente en la IA, y dejar tiradas a las empresas tecnológicas de todo los demás sectores como si fueran un trapo viejo.

En 2023 y 2024, mientras la mayoría de los sectores asistían a una sequía absoluta de financiación, las startups de IA recibían una tromba de millones. La inversión en IA creció un 9% en 2023, a aproximadamente $ 50.000 millones, mientras que inversión en general cayó en más de un tercio. Para el cuarto trimestre de 2024, la tendencia era extrema: nada menos que el 50% de todos los dólares de capital de riesgo del mundo acabaron en empresas centradas en la IA. En ese único trimestre, cinco empresas de IA con sede en USA levantaron más de $ 32.000 millones (OpenAI, Anthropic, Databricks…). Sí, la mitad de todo dinero invertido en startups en todo el mundo se destinó a la IA, y todos los demás sectores tuvieron que contentarse con compartir la otra mitad.

Quizá no hace falta una comprensión muy profunda del fenómeno de la IA para analizar este asunto, por complejo que sea; en lugar de análisis sin fin veamos algunos de los más sonados fracasos de burbujas anteriores, y comparémoslos con algunos más que previsibles pufos actuales en IA.


Era basura

Pets.com

Un clásico de la burbuja puntocom (1999-2001), Pets.com recaudó más de 82 millones de dólares en su salida a bolsa en 2000, y se liquidó en nueve meses. La compañía gastó tanto dinero en marketing (incluidos unos cutrísimos anuncios en la SuperBowl) que los diminutos márgenes de los productos para mascotas no podrían haberlo cubierto ni si todos los estadounidenses se hubieran puesto a comer únicamente comida para perros – aunque, pensándolo bien, tampoco andan tan lejos de hacerlo.

Boo.com

De todos los fracasos de la era de las puntocom, el portal de ropa online Boo.com podría bien ser el más divertido. Es difícil no reírse cuando alguien quema 135 millones de dólares en un año para lanzar el que posiblemente sea el peor sitio web de todos los tiempos, una monstruosidad tan aparatosa y mal diseñada que literalmente tomaba minutos cargar cada página. Puedes revivir la experiencia usando este enlace del Archivo de Internet: http://web.archive.org/web/20010927092825/http:/boo.com/. (recuerda: tú tienes fibra óptica, en 1999 tenían módems de 56k)

ICO de cualquier cosa

2018 fue el apogeo de las ICO (Oferta Inicial de Monedas), una forma novedosa de recaudar fondos utilizando criptomonedas y ‘tokens’ (algo así como “acciones digitales”; en realidad es más complejo que eso, pero usaremos esta simplificación). Aunque casi nadie entendía demasiado las ICO, la gente lanzaba ingentes cantidades de dinero a casi cualquier cosa: se invirtieron más de 30.000 millones de dólares en ICOs entre 2017 y 2018, 11% de los cuales fueron directamente en fraudes confirmados. En menos de un año, la mitad de todo ese dinero se había perdido por completo.

Veamos el caso del teléfono inteligente Finney: en 2018, los inversores adquirieron más de 150 millones de dólares en ‘tokens’ para respaldar el lanzamiento del “primer teléfono Blockchain del mundo” (hoy, habría sido el “teléfono con IA”, y supongo que en 1635 habría sido el “teléfono con tulipanes”), respaldado por el gigante tecnológico Foxconn. El Finney podía “convertir automáticamente tokens para el uso de aplicaciones descentralizadas, sin tener que obtener los diferentes tokens a través de un ‘exchange’”, (sea lo que sea eso), pero el teléfono en sí era un cacharro, y las ventas fueron nulas: el proyecto se fue a pique en un año.

Ahora me ves, ahora no (porque estoy en la cárcel)

La moda del fraude continuó en 2018-2022 con los bluffs de los ‘exchanges’ (“bancos”) de criptomonedas. BitConnect (“un estafa piramidal global de 2.400 millones de dólares”, según la fiscalía), Terra/Luna (el experimento de “stablecoin algorítmica” que evaporó 40.000 millones de dólares) o FTX, la espectacular historia de “contabilidad creativa” que volatilizó 32.000 millones de dólares, por ejemplo, tenían una cosa en común: una completa falta de sentido común por todas las partes implicadas, y el hecho de que sus CEO terminaron en los tribunales o en la cárcel – excepto el de BitConnect, que huyó de la justicia y sigue en paradero desconocido.


¿Detectas un patrón? Uso liberal de la palabra de moda, narrativas grandilocuentes, gestión empresarial absurda, etc. Ahora, veamos qué está pasando con la inversión de IA; quizá puedas detectar algunos paralelismos.

Humane AI

El pin Humane AI estaba destinado a ser un asistente de IA portátil de 700 dólares, pero la pobre máquina fue masacrada por los usuarios: “Ni se acerca”, “el peor producto que he revisado”, “no sirve para nada y me hace sentir estúpido”, por ejemplo. Y, echando sal en la herida, el dispositivo tuvo que retirar su estuche de carga por riesgo de incendio. Quemó más de 240 millones de dólares (de inversores como Microsoft o Sam Altman, el CEO de Open AI), y finalmente se vendió a HP por la mitad del dinero, que optó por meter el cacharro en un cajón y reutilizar las patentes.

Rabbit R1

El asistente portátil Rabbit R1 AI de $ 199 fue denunciado como “solo una aplicación de Android” y también tiene algunas críticas en línea bastante divertidas: “Qué pedazo de mierda”, “Compré Rabbit R1 para que tú no tengas que hacerlo” o “No se puede ni criticar” son algunos de los primeros videos que verás si lo buscas en Google. Devoró alrededor de 70 millones de dólares con una valoración de $175 millones y tiene menos de 5.000 usuarios diarios.

Y más

Inflection AI, una empresa de chatbots, destinada a “empoderar a las personas y las marcas con una IA emocionalmente inteligente y centrada en el ser humano” se valoró en más de $ 4.000 millones, y Microsoft acabó pagando $650 millones por los activos, contratando a la mayoría del personal clave: el chatbot en sí fue simplemente cancelado.

Y aunque algunos unicornios, como Stability AI, ya están fallando en el mercado (pocas ventas, despidos masivos, problemas con los directivos), la mayoría de las inversiones en IA desafían el sentido común incluso antes de que la empresa tenga la oportunidad de fracasar en el mercado. xAI (que significa ‘oveja’ en catalán, no puedo evitar pensarlo), la empresa de Elon Musk, por ejemplo, recaudó $6.000 millones con una valoración de $18.000 millones, sin tener más que un modelo de lenguaje IA y un logotipo. Devin, un generador de software por inteligencia artificial, cuyo “tweet de lanzamiento tuvo 30 millones de visitas”, recaudó 175 millones de dólares a una valoración de $2.000 millones cuando la empresa sólo tenía seis meses.

Figure AI, Databricks, Adept, CoreWeave e incluso Mistral (nuestra propia locura de IA europea, con una valoración de casi 12.000 millones de dólares), son otros estupendísimos unicornios que ya tienen valoraciones milmillonarias sin ni siquiera haberse preocuparse en tener un plan de negocio. Como diría aquel influencer, los planes de negocio son de pobres.


Es lo de siempre

Los avances en Inteligencia Artificial son muy reales y parecen que va a transformar profundamente casi todas las industrias. El potencial de la IA es indiscutible. Pero cuando un sector de nicho se traga la mitad del capital riesgo del mundo a valoraciones disparatadas, con modelos de negocio inexistentes y fracasos estrepitosos… ya sabemos de que va la cosa. Si parece una burbuja, huele a burbuja y burbujea como una burbuja, entonces es una burbuja.

Y esto no lo dice un blog al azar. Reuters o The Economist ya están diciéndolo con toda claridad, así como el premio Nobel de Economía Paul Krugman, que añade un interesante corloario: esta burbuja no acabará con sus responsables en la cárcel (como la estafa inmobiliaria global de 2008, de hecho). Los gigantes tecnológicos que están empujando la burbuja de la IA (Amazon, Apple, Microsoft, PayPal…) eran unos rebeldes con ganas de romper el sistema… hace veinte años. Pero ahora ellos son el sistema: ¡si uno de ellos hasta fue copresidente de los Estados Unidos!

Así que si esto termina mal para alguien, puedes estar seguro de que no será para ellos.

Pero volvamos a la inversión en biotecnología. Después de tres años pésimos, inversores y fundadores de empresas se preguntan si hay luz al final del túnel o, peor aún: esa luz no sería un tren que viene de frente, ¿no? ¿El sistema entero está cambiando para siempre, y los viejos paradigmas de inversión ya no valen? ¿Las tecnologías de hace cuatro años ya están obsoletas?

La burbuja de la IA nos demuestra que no, que nada está cambiando: “plus ça change, plus c’est la même chose”. El Capital no ha dejado de ser el Capital, con las mismas luces y sombras de siempre: euforias, depresiones, poca supervisión, poca previsión, ceguera persistente, machismo empresarial, y algún que otro momento de brillantez. Y, por tanto, va a hacer lo que siempre hace: después de bajar, volverá a subir.

Por ahora, la IA sigue siendo el imán gigante que absorbe todos los dólares del mundo, pero ese capital volverá a fluir hacia la biotecnología (o las energías renovables, o la industria aeroespacial, o cualquier otro sector olvidado) en cuanto la IA se sature y se venga abajo, o en cuanto la biotecnología comience a dar sus muy esperados (y muy sufridos) beneficios. Lo que ocurra primero.


Se está recuperando

Además, sin triunfalismos, las inversiones (y exits) en biotecnología parecen estar recuperándose.

Las grandes farmacéuticas están comprando empresas biotecnológicas prometedoras a precios razonables; el primer trimestre de 2025 registró el mayor volumen de adquisiciones de startups desde 2021 (71.000 millones de dólares), y 2024 registró el mayor número de adquisiciones de startups desde 2020. Una encuesta de finales de 2024 decía que dos tercios de los gestores de fondos de capital riesgo esperaban que los beneficios mejorasen en 2025, un salto en optimismo respecto al año anterior.

Además, está el “abismo de las patentes”: las grandes farmacéuticas aún se enfrentan a pérdidas de cientos de miles de millones cuando se agoten sus patentes, y necesitan urgentemente adquirir nuevos activos. siendo las startups biotecnológicas su principal fuente de nuevos activos, los inversores y fundadores todavía tienen motivos para ser optimistas.


Es tu elección

La salud humana no es una moda pasajera: de hecho, junto con el clima, es el principal desafío al que se enfrenta la humanidad, mil veces más importante y complejo que cualquier reto en el que se esté enfocando la IA actualmente.

La superpoblación, las necesidades médicas no cubiertas o las amenazas ambientales significarán una mayor demanda de innovación a largo plazo, y los futuros superventas de las grandes farmacéuticas no van a aparecer mágicamente gracias a videos de gatitos generados por IA.

Por lo tanto, si estás invirtiendo ahora, disfruta invirtiendo en excelentes activos a precios de derribo. Y si ya no lo estás, ten fe en esas acciones de esa empresa de biotecnología que sigue al pie del cañón; han pasado tres años difíciles, pero nunca han dejado de ser un potencial objetivo de adquisición para las grandes farmas… incluso si tardan 10 años en lugar de los 3-5 que prometieron.

Y, de todos modos, invertir en cosas buenas es su propia recompensa, ¿no?