De media, una tercera parte del dinero de un adulto europeo está sentado en el banco (1 de cada 5 dólares para los norteamericanos, que son más ricos y están más orientados a la inversión), mientras que el resto suele estar invertido en activos financieros, pisos, etc…
Sería lógico que ese dinero “aparcado” estuviera simplemente guardado en algún sitio; el sentido común dicta que lo más razonable sería guardarlo en una piscina de monedas y joyas para que se bañe un pato con chistera y anteojos.

Pero, desde el siglo XIV, el dinero no se queda en el banco esperando a que vengas a buscarlo. Desde que los Medici crearon los primeros bancos modernos en Florencia, el negocio básico de la banca ha sido prestar tu dinero con un interés más alto del que te pagan.
El sistema es sencillo: depositas 1.000 €, el banco te paga un pequeño interés (cero, por ejemplo – total, ¿para qué lo quieres?), y le presta la mayor parte ese dinero a otra gente con un interés más alto (alrededor del 4%, actualmente). Ese diferencial de intereses es el beneficio del banco.
*Dado que los tipos de interés en la Eurozona fueron negativos durante 8 años, quizá te preocupe que los bancos puedan haber, Dios no lo quiera, perdido dinero. Pero no pierdas el sueño: de hecho tuvieron beneficios aún mayores aumentando radicalmente las comisiones, despidiendo a casi 400.000 empleados en Europa y disparando los costes de préstamos e hipotecas. Por fortuna, ningún propietario de banco se vio obligado a malvender su dúplex en St. Moritz para poder alimentar a su familia.
Así funciona la cosa, y tampoco podemos quejarnos: el dinero es la sangre de nuestra sociedad, y el sistema circulatorio que hemos elegido implementar es que los bancos centrales públicos regulan el dinero, pero son principalmente los bancos privados quienes lo crean y distribuyen. Además, alguien tiene que ganar miles de millones sólo por menear dinero, ¿no?
Pero la cuestión no son los obscenos beneficios de la industria financiera (bueno, eso también): es lo que hace tu dinero mientras duermes. Sin que lo sepas, alguien está cocinando un plato bien amargo con él, y puede que te no te guste a la receta.
Taza y media de industria petrolífera
Los bancos son conocidos por prestar con alegría las industrias intensivas en emisiones de carbono: les encantan esos apetitosos beneficios, por muy cortoplacistas que sean. Un análisis de 11 grandes bancos estadounidenses reveló que más del 19% de sus carteras de préstamos se invierten en sectores con alta carga de emisiones de CO2, incluyendo compañías petroleras y minas de carbón. De tus 1.000 euros, se estima que entre 30 y 50 € financian directamente la extracción de combustibles fósiles, oleoductos y otros proyectos contaminantes, y otros 140 € acaban en otras industrias indiscutiblemente vinculadas a la aceleración del cambio climático.
De hecho, los 60 principales bancos del mundo han prestado alrededor de 6,9 billones de dólares a las industrias de combustibles fósiles desde que se firmaron los Acuerdos Climáticos de París en 2015. De hecho, han invertido más en combustibles fósiles que en energías renovables, investigación médica, reciclaje, economía circular, agricultura sostenible, vivienda asequible y educación… sumados.

En los últimos 5 años, cada uno de los 10 principales bancos norteamericanos ha firmado préstamos por valor de entre 20 y 40.000 millones de dólares al año a empresas de combustibles fósiles, lo que te ha hecho ganar unos pocos euros en intereses (como cero, por ejemplo) mientras ha impulsado el crecimiento de industrias que, en la práctica, están arruinando tu futuro.
Como el banco los utiliza para respaldar pozos de petróleo y gasoductos, esos 1.000 euros “inactivos” en una cuenta bancaria estadounidense generan el equivalente anual de CO2 de un vuelo intercontinental. Por contraste, poner ese dinero en una banca ética podría reducir esas emisiones de carbono en un ~75%, más que si te hicieras completamente vegetariano.
Parece más sabroso cambiar de banco, ¿no?
Una pizca de juegos de azar
¿A quién no le gusta apostar? Aparte de a los 2 millones de adictos al juego en la UE, o a sus familias, claro, en las que el índice de violencia doméstica es cuatro veces superior a la media. Y aparte de la gente que financia los 35.000 millones de euros que la Unión europea se gasta anualmente en el tratamiento y recuperación de esos adictos, supongo. Quizá tampoco les apasione a los entre 2000 y 4000 europeos que se quitaron la vida en 2023 debido a problemas con el juego. Pero aparte de a esos, a todo el mundo le encanta divertirse, ¿verdad?
Especialmente a los jóvenes, al parecer: gracias a la inmensa proliferación de las apuestas online (un sector que pasó de facturar 2.000 millones de dólares en 2000 a más de 80.000 millones en 2023), estudios recientes muestran que el 50% de los jóvenes británicos de 16 años han apostado alguna vez, y el juego ya está más extendido entre niños de 11 a 16 años que el tabaco o las drogas. De verdad, si Hendrix o Kerouac levantaran la cabeza…
Sumando la delincuencia, la pérdida de productividad, las co-adicciones y todo el lío, cada €1 en ingresos por juego tiene un coste social estimado de unos €3-5.
Siguiendo con las cuentas: la industria del juego está respaldada por unos 400.000 millones de dólares en préstamos bancarios (más otros 500.000 millones de fondos de inversión). De tus 1.000 euros en el banco, los bancos sólo prestan a la industria del juego un 0,5% anual, pero las cifras son bastante picantes: tu ganas 0 (o quizá 0,03 euros); el banco gana unos 0,15 euros, la industria del juego gana unos 4 euros, y el resto de la sociedad (recuerda, este eres tú) paga los platos rotos – entre 7 y 12 euros.
Total, a quién no le gusta divertirse un poco, ¿eh?
Una cucharadita de misiles
Aproximadamente el 1,5% de tus €1.000 va directamente a la industria armamentística. Probablemente es justificable: al fin y al cabo, los países necesitan armas para defenderse, aunque muchos países tiendan a “defienderse” bombardeando a algún pobre pastor de cabras en la otra punta del mundo. En todo caso, incluso si eres de los que cree firmemente en el derecho de las naciones a portar armas para mantener la paz, seguramente hay líneas rojas que te preferirías evitar cruzar.

Como las bombas de racimo, diseñadas para dispersarse y matar lo más posible – incluyendo las especialmente repulsivas, como la rusa PFM-1, diseñada para dispersar minas antipersona con aspecto de juguetes y matar más niños. ¿Qué te parece este negocio? ¿Te gustaría financiarlo? Pues si has puesto tu dinero en Citigroup, JP Morgan Chase, HSBC, Lloyds Banking Group, Deutsche Bank o Santander, hay informes de varias ONG que indican que quizá lo hayas hecho.
O las bombas nucleares, diseñadas para causar un apocalipsis planetario. Aunque unos minutos en Twitter o viendo las payasadas de los influencers de TikTok pueden hacer que la exterminación de la humanidad parezca una propuesta bastante atractiva, no olvidemos que también estaríamos acabando con prácticamente todas las demás formas de vida del planeta, incluyendo el monísimo Panda Rojo.

Estarás de acuerdo en que no deberíamos extinguir al Panda Rojo, ni tampoco financiar asesinatos a escala planetaria. Pero, de nuevo, 260 instituciones financieras (incluyendo JP Morgan Chase, Vanguard, Santander o NatWest), sin que tú lo sepas, están enviando tu dinero a fabricantes de armas atómicas.
¡Verrugas de sapo! ¡Raíces de mandrágora! ¡Baba de murciélago!
Luego está el “poco de todo”, que incluye un montón de cosas folclóricamente repulsivas.
Tomemos, por ejemplo, el juicio ‘In re Fox Corporation Derivative Litigation’. En 2023, el fondo de pensiones de la ciudad de Nueva York, que agrupa las pensiones de unos 800.000 empleados públicos, descubrió que poseían 857.000 acciones de Fox Corporation (una participación de 28 millones de dólares, nada menos).
Al descubrirlo, y después de ver como Fox se veía obligada a pagar 787 millones de dólares a una empresa de tecnología electoral (Dominion) por airear falsas acusaciones de que habían manipulado las elecciones de 2020, el fondo se alarmó tanto que demandaron a la Fox por “descuidar los intereses de los accionistas”.
Así que, tras invertir 28 millones de dólares en una joya del periodismo como Fox Corporation, los demandaron porque “adoptaron y permitieron un modelo de negocio que priorizaba los beneficios sobre la integridad periodística, manteniendo la difusión de contenido falso o imprudente y propenso a la difamación“. ¿Es como comprarse un perro y quejarse de que tiene mal aliento? Claro que sí, pero el caso es que cientos de miles de bomberos, profesores y basureros descubrieron que se habían comprado un perro sin tener ni idea. Y, probablemente, tú tampoco lo habrías sabido.
Igual que probablemente no tienes ni idea de que tu dinero financia casinos, tabacaleras, pornografía, videojuegos infantiles explotadores como Roblox, los que te llaman cada día para “ofrecerte el mejor descuento en tu factura de luz”, prisiones privadas, lo que sea.
Y un cubo de inmobiliaria
Ninguna cartera de inversión está completa sin invertir la mitad del dinero en ladrillo. Si tienes dinero en el banco, quizá no estés ganando dinero con la crisis global de la vivienda, pero desde luego la estás financiando. De tus €1.000, el banco está destinando alrededor del 40% a inmobiliaria.
Ese 40%, naturalmente, incluye hipotecas, financiación de locales comerciales, y muchas otras actividades productivas o necesarias para que la gente tenga casas o fábricas. Pero el porcentaje de préstamos a inversores claramente clasificados como “especulativos” (propietarios de Airbnb con 10+ pisos, promotores de inmobiliaria de lujo, fondos buitre…) es de aproximadamente el 5% – por comparar, la mayoría de bancos destinan alrededor del 1-2% a financiar energías renovables.
Es un poco irónico que, si estás sin un duro y no puedes permitirte empezar una casa o una familia, el poco dinero que realmente tienes en el banco financie a los mismos gentrificadores y especuladores que están disparando los precios y haciendo que no puedas pagarte una casa. Que risa, ¿verdad?
*Para evitar más repeticiones: puedes volver a otros artículos de este blog sobre el tema, como The Real Estate Junkies (https://capitalcell.com/en/the-real-estate-junkies/)
Vale, me has convencido. ¿Y ahora qué?
¡Bien! Entonces, intentemos quitarnos de encima esa vaga sensación de tener la culpa de todo sin saber muy bien qué hacer al respecto. Hay varias cosas que sí puedes hacer.
La primera, naturalmente, es “aguantarse“. Los gestores de BlackRock o de Santander no se pasan el día retorciéndose las puntas del mostacho y urdiendo planes maléficos para financiar el mal; son solo un grupo de gente (hombres, básicamente) que buscan el mayor beneficio posible invirtiendo en cualquier cosa que les haga ganar dinero. Son más codiciosos o miopes que malvados, y es ese enfoque totalmente indiscriminado es lo que hace que tu dinero fluya hacia porquerías cuestionables.

Y, de hecho, el 90% de lo que hacen está bastante bien: financian servicios públicos, prestan dinero a pymes, conceden hipotecas a la gente corriente y financian parques eólicos o infraestructuras de energía renovable en todo el mundo. Tu dinero también está haciendo mucho bien – ¡bravo!
Lo que sí puedes hacer es evitar que la industria financiera haga un mal uso de ese otro 10% llevándote el dinero a una banca ética. Un análisis de 2022 establecía que mover el dinero medio de una cuenta corriente en USA (~8.000 dólares) a un banco con conciencia ecológica reduciría la huella de carbono de su dueño más que si dejase de volar en avión. Además, como son bancos normales y corrientes, recibirás exactamente los mismos servicios (bueno, quizá tengan menos cajeros automáticos, pero ¿quién lleva dinero encima, de todos modos?).
Si inviertes en productos financieros (seguros de vida, fondos de jubilación, fondos de inversión…), realmente deberías buscar aquellos etiquetados como “éticos” o “socialmente responsables”.
Este tipo de fondo excluye explícitamente los combustibles fósiles, las armas, el tabaco, el juego, etc… Atención: es cierto que se les suele criticar por ser demasiado laxos; por ejemplo, muchas invierten en grandes petroleras porque dicen que están “en transición hacia el cero neto de emisiones” (cero neto, mis narices). Pero siempre puedes usar herramientas de seguimiento como BankTrack o Facing Finance para buscar tu banco o fondo y averiguar exactamente qué están haciendo.
Y no te preocupes: hay unos 2.000 estudios en los últimos 20 años que demuestran que los productos financieros éticos dan los mismos (o más) beneficios que los que invierten tranquilamente en bombarderos o deforestación.
Por último, siempre puedes invertir tu dinero directamente en cosas concretas. Es fácil colocarlo en empresas en bolsa que tengan prácticas empresariales éticas, como… ehm… bueno, ahora mismo no me viene ninguna a la cabeza, pero desde luego hay varias: biotecnología, movilidad sostenible, logística “verde”, energías renovables… y también hay varias herramientas para identificarlos (consulta la plataforma Upright, que es muy útil).
O puedes poner parte de tu dinero en crowdequity o inversiones directas: coloca tu capital directamente donde creas que vaya a hacer algo bueno, ya sea una cooperativa de café en Chiapas, parque eólico en Noruega o una startup biotecnológica de Barcelona.
Además, en lugar de sentir que tu dinero está financiando la ruina de tu entorno, tendrás la satisfacción de financiar algo constructivo. Financieramente, puedes triunfar mucho si esa startup tiene éxito y, al menos, tendrás una historia de cómo tu dinero sirvió para construir algo.
Y quizá la clave para un mejor uso a tu dinero sea verlo como la expresión del poder que tienes para cambiar el mundo. Con ese poder tienes que velar por tu seguridad financiera, sin duda, pero no es tan complicado asegurarte de que el poco poder que tienes trabaja a tu favor, en lugar de utilizarse para financiar el cambio climático, la explotación infantil o los ejércitos malignos de Mordor.
Pregúntate esto: ¿sabes dónde está tu dinero?
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