¿Es la biotecnología realmente tan complicada? ¿Es la ciencia intrínsecamente difícil de entender? ¿Necesitamos una capacidad cognitiva extraordinaria para comprender sus avances? O simplemente… ¿elegimos presentarla así?
Considera la siguiente frase: “A través de operaciones tensoriales de alta dimensión, optimización basada en gradientes y fusión de representaciones simbólicas y sub-simbólicas, los marcos computacionales modernos extraen, modelan y generalizan estructuras semánticas de grandes distribuciones de datos para realizar inferencias complejas y sensibles al contexto.”
¿Sabes de qué estoy hablando? Es una explicación de la inteligencia artificial. Pero lo importante aquí es: ¿cómo te hizo sentir? ¿pensaste “esto es totalmente imposible de entender”? Si los desarrolladores hubieran presentado la IA al mundo con este tipo de lenguaje, ¿habría entrado esta útil herramienta tan fácilmente en nuestras vidas?
Es cierto que, a menudo, existe cierta satisfacción en hacer un trabajo que pocas personas pueden entender. Puede crear la ilusión de superioridad intelectual. Pero ese no es, ni debería ser nunca, el objetivo de la ciencia. Su propósito es entender la vida, y para ello, no podemos volverla incomprensible para los demás.
Hola, soy Elif Damla Karakolcu y trabajo en Capital Cell como Directora de Comunicación. Me gusta presentarme como alguien que vive con entusiasmo por las innovaciones en biotecnología. Empecé a explicar qué era la biotecnología cuando tenía 9 años porque quería ser científica. Intentaba entenderla siendo una niña, y me veía obligada a explicársela a mis abuelos cuando me preguntaban “¿Y tú qué vas a ser de mayor?” (Una pregunta clásica para los niños, ¿no es así?). El ímpetu que sentía por hacer que la ciencia fuera comprensible no se ha apagado con el tiempo; al contrario, sigue creciendo y es el motor de mi profesión.
Ocupes el rol que ocupes (inversor, investigador, emprendedor o legislador) este artículo pretende ser un punto de referencia sobre cómo puede evolucionar y mejorar la comunicación científica.
Como seres humanos, nos cuesta comprender tanto las unidades extremadamente grandes como las increíblemente pequeñas, y considero que este es el primer obstáculo a la hora de entender la ciencia. Para hacerme yo misma una idea del tamaño del que estamos hablando cuando comunicamos ciencia le pedí a mi copiloto de IA, ChatGPT, que me ayudara a visualizarlo. Si una esfera de un nanómetro se ampliara hasta alcanzar el tamaño de un grano de sal, entonces ese grano de sal sería tan inmenso como el famoso Cráter del Meteorito (Barringer) de Arizona. Sí, así de enorme.

Y como la mayoría de los avances mágicos en biotecnología suceden precisamente en esa escala, no vemos de lo que hablamos, no lo tocamos, ni observamos cómo funciona… Cuando nos adentramos en ese mundo, todo empieza a parecer ajeno. Y por eso el lenguaje que lo describe también se vuelve ajeno. Pero no tiene por qué ser así.
La biotecnología es una colaboración entre quienes estudian lo invisible y quienes hacen visible lo invisible: reguladores, inversores, periodistas, emprendedores, analistas, escépticos y creyentes. Todos ellos merecen conocer la verdad. No solo la verdad técnica, sino aquella que puedan recordar al día siguiente y que les importe.
No se puede convertir a todo el mundo en biólogo molecular, pero sí se puede lograr que a la gente le importe lo que hacen los biólogos moleculares. Y eso ya es suficiente para cambiar el mundo.
En las fases iniciales de investigación biotecnológica el mérito científico rara vez basta para despertar el interés de actores externos. Se espera que los emprendedores comuniquen su investigación no solo con precisión técnica, sino también con claridad estratégica. Esto es especialmente importante al dirigirse a potenciales inversores, asesores regulatorios o miembros del consejo no científicos. El objetivo es presentarlo de forma estructurada, accesible y con propósito.
Las siguientes cinco recomendaciones están pensadas para ayudar a los emprendedores a comunicar su ciencia de una manera que siga siendo rigurosa y sustancial, pero que también trace un camino claro que permita al público no científico comprender y conectar con lo que se les está presentando.
1. Empieza con una definición clara del problema
Antes de hablar de mecanismos, plataformas o mecanismos de acción, debe explicarse claramente qué problema se está abordando. Este problema no debe ser abstracto o teórico. Debe describirse en términos de su impacto clínico, industrial o económico actual. Por ejemplo, si la innovación busca mejorar los resultados en cáncer de páncreas, la comunicación debe empezar señalando las limitaciones medibles del estándar actual de tratamiento: tasas de supervivencia, acceso al tratamiento o resistencia a fármacos. Este marco contextual aporta relevancia. Permite al oyente formularse una pregunta: ¿qué se puede hacer ante esto? Y, además, proporciona una base sobre la que se puede evaluar la solución propuesta.
2. Explica el mecanismo con lógica secuencial
Aquí es donde la atención del público suele irse a otro lado. Habitualmente se presentan demasiado pronto y sin orden las listas de componentes, tipos de moléculas y nombres de tecnologías. Los mecanismos científicos deben describirse como una secuencia de pasos lógicos. En lugar de introducir todos los conceptos a la vez, los emprendedores deberían explicar qué ocurre primero, qué viene después y qué resultado se obtiene. Esta estructura lineal facilita la comprensión, especialmente para quienes no tienen formación en biología molecular o farmacodinámica.
Cuando el mecanismo se presenta como una cadena de acciones, el oyente puede seguir el razonamiento aunque no conozca cada elemento. Lo que no puede hacer es sostener diez ideas en paralelo y reconstruir una imagen a partir de ellas. Este enfoque favorece la transparencia y evita una carga cognitiva innecesaria.
3. Prioriza la información según su importancia estratégica
Cuando todos los detalles se presentan con la misma relevancia, ninguno se recuerda. Los emprendedores tienden a dar más protagonismo a aquello en lo que han trabajado más, en lugar de lo que resulta más útil para la audiencia. Esto genera un torrente de información sin dirección.
Es clave evaluar qué información facilita la toma de decisiones del interlocutor. Esa información debe explicarse con claridad y con los datos que la respaldan. El resto, si es necesario, puede mencionarse de forma breve o incorporarse en un anexo. Este enfoque respeta el tiempo de la audiencia y la pertinencia del contenido.
4. Presenta los datos cuantitativos con contexto
Los resultados cuantitativos deben ir siempre acompañados de una interpretación contextual. Un número sin comparación es solo ruido. Decir que una terapia reduce los niveles de citoquinas un 32 % no significa nada si no se entiende qué implica ese 32 %. ¿Previene recaídas? ¿Reduce los días de hospitalización? ¿Permite bajar la dosis y, por lo tanto, es menos tóxico? Su relevancia debe explicarse con claridad en términos de función, resultado o implicaciones para el desarrollo futuro.
5. Ajusta el lenguaje al nivel de conocimiento de la audiencia
Presuponer demasiados conocimientos puede generar confusión, pero sobreexplicar puede parecer condescendiente o disperso. Es responsabilidad del emprendedor calibrar el nivel de conocimiento de su audiencia y ajustar el discurso en consecuencia. La clave es respetar lo que el interlocutor no sabe y confiar en su capacidad para entenderlo si se le da la secuencia adecuada.
Esto implica usar términos precisos cuando haga falta, pero también explicar conceptos esenciales cuando sea oportuno. Las siglas deben definirse una vez y usarse con coherencia. Las descripciones deben evitar expresiones coloquiales o recursos retóricos que dificulten la comprensión. Ante la duda, la claridad debe imponerse al estilo.
Imagina que escuchas a un grupo de deportistas hablar de un avance en equipamiento para bádminton. Mencionan constantemente el “shuttlecock”, dando por hecho que todos saben lo que es. Para quien no juega a bádminton, esa palabra no tiene significado. Pero en cuanto alguien dice: “es como nuestra pelota”, todo cobra sentido. En biotecnología pasa lo mismo. Una vez que un término se define, puede usarse sin problema. Pero sin esa definición inicial, incluso la mejor explicación pierde eficacia. No se trata de evitar el lenguaje técnico, sino de recordar que algunos términos clave requieren una definición temprana cuando se habla con una audiencia no especializada. A partir de ahí, se pueden usar con total libertad. Pero si no se definen, todo lo que se construya sobre ellos pierde solidez. La responsabilidad de la claridad no recae en la audiencia. Es del comunicador, y un pequeño gesto como definir un término al principio puede marcar la diferencia entre ser entendido o ser ignorado.
Las ideas más importantes en biotecnología no cambiarán el futuro si no se comunican de forma que otros puedan actuar en consecuencia. El pensamiento claro, la estructura disciplinada y el respeto por quien escucha no son una carga. Son las herramientas que hacen posible el progreso.
Quienes están construyendo el futuro de la biotecnología tienen tanto la capacidad para desarrollar nuevas soluciones como la responsabilidad de hacerlas comprensibles. Comunicar bien la ciencia no es una tarea separada de hacer ciencia: es parte del mismo trabajo.
Quédate con la ciencia. Yo seguiré trabajando para que la ciencia sea comprensible y atractiva para la inversión. Si te ha gustado este artículo, dime hola en LinkedIn.
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