Tú no eres solo tú.
Somos huéspedes. No de forma metafórica, sino biológica. Cada uno de nosotros transporta billones de microorganismos que superan en número a nuestras propias células, producen más de diez veces más genes que nuestro genoma humano y, de forma literal, coescriben nuestra digestión, inmunidad, estado de ánimo y riesgo de enfermedad: en conjunto, se conocen como la microbiota humana. El primero al que nos encontramos al nacer no es un profesional sanitario, sino los microbios de nuestra madre. Y, curiosamente, todavía no sabemos exactamente cómo se conforma una microbiota “saludable”.
¿Por qué importa esto? Porque la microbiota humana ya no es solo una curiosidad biológica: está emergiendo como una de las fronteras más atractivas para invertir en salud.
La microbiota influye en todo, desde la respuesta a medicamentos hasta la inflamación, desde la obesidad hasta los resultados de la inmunoterapia contra el cáncer. Los científicos ya están usando trasplantes fecales para curar enfermedades que los antibióticos no pueden tratar. Las startups de biotecnología están desarrollando terapias de nueva generación, no sintetizando nuevas moléculas, sino reprogramando el ecosistema microbiano de nuestro intestino.
Si te preguntara cómo te sientes hoy… ¿tu respuesta vendría de ti o de los microorganismos que llevas contigo?
En esta edición, nos acercamos a este sistema oculto pero de alto impacto.
Perspectiva científica
Cuando hablamos de microbiota humana, nos referimos a la inmensa comunidad de microorganismos que viven dentro y sobre nosotros. Estos huéspedes microscópicos cubren prácticamente todas las superficies: intestino, boca, piel, pulmones, tracto genital… si hay un hábitat disponible en el cuerpo humano, probablemente algún microorganismo lo haya ocupado. El término microbiota se refiere específicamente al conjunto de microorganismos vivos en un entorno dado (por ejemplo, la microbiota intestinal o cutánea), mientras que microbioma puede referirse también a sus genes y productos génicos. En la práctica, ambos términos se usan a menudo de forma intercambiable.
Es importante destacar que la composición de la microbiota es altamente individual
Tu perfil microbiano es tan personal como una huella digital: no hay dos personas (ni siquiera gemelos) con la misma comunidad microbiana. Muchos factores lo moldean: genes, dieta, entorno, medicamentos y más. Incluso en una misma persona, la microbiota puede fluctuar con el tiempo o variar según la zona del cuerpo. Aun así, los microbiólogos observan ciertos patrones comunes: los ecosistemas sanos suelen tener una gran diversidad de microorganismos y ciertas especies clave que cumplen funciones esenciales en la mayoría de las personas. Sin embargo, el rango de lo “normal” es amplio, y la microbiota saludable de una persona puede ser muy distinta de la de otra. Esta variabilidad es una de las razones por las que definir un microbioma saludable universal es tan complicado. […]

En el intestino, los microorganismos ayudan a fermentar la fibra dietética que no podemos digerir por nosotros mismos, transformándola en ácidos grasos de cadena corta y otros nutrientes útiles. Sintetizan vitaminas esenciales (como ciertas vitaminas del grupo B y la vitamina K) y aminoácidos. Descomponen toxinas y medicamentos. También actúan como un escudo vivo contra infecciones: al desplazar o inhibir directamente a patógenos dañinos, nuestros microorganismos residentes ofrecen lo que se conoce como resistencia a la colonización, ayudando a mantener a raya a los invasores. En esencia, la microbiota contribuye a funciones corporales básicas: digestión, metabolismo y defensa inmunitaria, todo a cambio de alojamiento en nuestro cuerpo. […]
Uno de los campos más sorprendentes de la investigación sobre la microbiota es el descubrimiento del eje intestino-cerebro: una superautopista de comunicación entre la microbiota intestinal y nuestro sistema nervioso. Suena casi a ciencia ficción:
¿Cómo podrían las bacterias intestinales influir en nuestro estado de ánimo, niveles de estrés o incluso comportamiento?
Sin embargo, la evidencia creciente demuestra que lo hacen, a través de una red de conexiones físicas y bioquímicas que enlaza el intestino y el cerebro. Ilustración del eje intestino-cerebro: El intestino y el cerebro se comunican a través de vías neuronales (como el nervio vago), señales inmunitarias y metabolitos microbianos. Múltiples factores (desde la dieta y el estrés hasta las infecciones) pueden influir en esta comunicación bidireccional.

Dada la profunda implicación de la microbiota en tantos procesos corporales, no sorprende que las alteraciones en nuestra comunidad microbiana (lo que los científicos llaman disbiosis) se hayan vinculado a una larga lista de enfermedades. La disbiosis microbiana suele referirse a un desequilibrio o maladaptación de la comunidad: por ejemplo, pérdida de organismos beneficiosos, reducción de la diversidad general o proliferación excesiva de bacterias potencialmente dañinas. Es un concepto bastante amplio (algunos críticos señalan que “disbiosis” puede ser un término comodín sin definición precisa), pero se ha observado en trastornos gastrointestinales, metabólicos e incluso neurológicos.[…]
De la mano del concepto de disbiosis está el de resiliencia: la capacidad de la microbiota para resistir perturbaciones o recuperarse después de ellas. Los ecólogos usan este término para bosques, océanos y otros ecosistemas, y también se aplica a nuestro ecosistema interno. Una microbiota intestinal resiliente puede soportar un golpe (por ejemplo, una semana de antibióticos o un episodio de gastroenteritis) y luego volver a un estado equilibrado por sí sola, como un bosque que se regenera tras un incendio. En cambio, una microbiota no resiliente podría entrar en un estado alterado después de una perturbación y tener dificultades para volver a su equilibrio anterior.
Ecosistema de startups
Empresa con sede en España
Fundada en 2018
Mikrobiomik está liderando el desarrollo a escala industrial de medicamentos basados en la microbiota, con la misión de producir el primer producto de microbiota fecal de grado farmacéutico autorizado en Europa. Su terapia principal, MBK-01, está dirigida a la infección recurrente por Clostridioides difficile mediante trasplante de microbiota fecal (FMT) encapsulado y estandarizado, obtenido de donantes seleccionados. Lo que distingue a Mikrobiomik es su plataforma con certificación GMP: un sistema de bioproducción totalmente controlado y trazable que aporta reproducibilidad y rigor regulatorio a un campo a menudo criticado por la falta de estandarización. Al transformar material de donantes en terapias de microbiota de calidad farmacéutica, Mikrobiomik busca abrir aplicaciones de la microbiota para enfermedades infecciosas, metabólicas e inflamatorias dentro del marco farmacéutico actual.
Puedes unirte a Mikrobiomik como inversor. La empresa está actualmente en ronda Serie A, con un primer tramo de 1,6 M€ cerrado en marzo de 2025 a una valoración pre-money de 10 M€, respaldada por dos family offices españoles y un business angel del sector farmacéutico. Ahora ofrece capital adicional a través de Capital Cell, con un objetivo de 500.000 € y un ticket mínimo de 1.000 €. Más detalles: https://capitalcell.com/campaign/mikrobiomik/
🪄Insight extra
La microbiota humana se está convirtiendo en la nueva variable en el diseño de ensayos clínicos.
Las farmacéuticas ya están seleccionando a los participantes no solo por genética o biomarcadores, sino también por su perfil de microbioma. ¿Por qué? Porque la respuesta a medicamentos (especialmente en oncología, inmunología y neurología) está cada vez más relacionada con la composición microbiana intestinal.
Perspectiva de futuro
En la próxima década, la microbiota humana dejará de tratarse como una curiosidad periférica y pasará a ser un sistema operativo central en medicina, diagnóstico y atención personalizada.
Estamos pasando de un modelo en el que los tratamientos se dirigen a órganos y síntomas a uno en el que tratamos la interfaz entre el huésped y su ecosistema. Este cambio abre un nuevo conjunto de reglas:
- Los fármacos se desarrollarán teniendo en cuenta su compatibilidad con el microbioma, igual que ahora consideramos la función hepática o renal.
- Los ensayos clínicos comenzarán con un perfil microbiano para diferenciar a respondedores de no respondedores.
- Las revisiones rutinarias de salud incluirán puntuaciones de resiliencia de la microbiota, quizá incluso monitorizadas a lo largo del tiempo como el colesterol o la glucosa.
Pero quizás la idea más transformadora sea esta: la microbiota no será solo un biomarcador, sino un participante activo en la optimización de la salud.
Pronto podríamos ver modelos de seguros que incluyan planes de mantenimiento del microbioma. Las políticas de salud pública podrían enfocarse en la diversidad microbiana como un indicador poblacional. Incluso los gobiernos podrían llegar a regular los alimentos no solo por su contenido nutricional, sino por su impacto en el paisaje microbiano humano.
El futuro no es sólo personalizado. Es simbiótico.
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