La década de la coopetición

Enfermedades sin resolver, guerras, pandemias, hambruna, sequías, tecnologías emergentes, velocidad y seguridad…

¿No son demasiados desafíos para enfrentarlos en solitario? ¿No son demasiados problemas para que una sola persona, empresa o nación pueda resolverlos por sí misma?

Vivimos en un mundo de nuevos modelos de negocio y tecnologías disruptivas, pero a menudo seguimos confiando en una mentalidad antigua: la competencia por encima de todo. Todos quieren ser el elegido: el líder, el héroe, la persona que más contó. Pero la verdad es que estos problemas son más grandes que nuestros egos.

El verdadero cambio que necesitamos es este: en lugar de intentar ser “esa persona”, debemos aprender a ser “uno de ellos”. Uno de los que contribuyen (personas, organizaciones o innovadores) a una solución colectiva.

Tomemos el hambre como ejemplo. ¿Por dónde empezarías?

¿Haciendo más eficientes los sistemas agrícolas? ¿Evitando el desperdicio de alimentos? ¿Facilitando el acceso a la comida? ¿Produciendo alimentos con mayor valor nutricional? ¿Restaurando la fertilidad del suelo? ¿Protegiendo los derechos y medios de vida de los agricultores? ¿Salvaguardando el bienestar animal? ¿Creando sistemas alimentarios sostenibles? ¿Defendiendo el derecho a la alimentación en las políticas públicas? ¿Asegurando la seguridad alimentaria a gran escala?

La respuesta es: todo lo anterior. Cada una de estas vías requiere conocimientos distintos, herramientas diferentes y actores diversos. Nadie puede cubrirlas todas en solitario.

La salud y la biotecnología reflejan esta realidad. Hay incontables ejemplos en los que trabajar en silos frena el progreso.

Estamos viviendo una era de revolución biotecnológica. Entramos en un tiempo en que los milagros creados en los laboratorios ya no se quedan tras puertas cerradas, sino que llegan a los pacientes, se integran en nuestras vidas y transforman el panorama tecnológico. La biología ya no está separada de la innovación basada en silicio: se sitúa a su lado, a veces sustituyéndola, a veces trabajando con ella, y convirtiéndose en un verdadero cambio de las reglas. Por eso llamo a este momento la revolución biotecnológica.

Los desafíos que enfrentamos como comunidad global son demasiado grandes y demasiado complejos para que un solo actor los aborde de forma aislada. Hemos llegado a un punto en el que no podemos ignorar la biología, la naturaleza y la ciencia para resolver los problemas del mundo. Al mismo tiempo, no podemos superar los retos que plantea la biología trabajando de forma aislada. Combatir una enfermedad requiere miles de perspectivas, miles de ideas, convergiendo hacia un mismo resultado.

Tomemos el cáncer como ejemplo. Así es como distintas compañías de la cartera de Capital Cell, cada una con un enfoque diferente, corren hacia un mismo objetivo.

Nuestro enemigo: el cáncer. Nuestra misión: derrotarlo. Nuestra prioridad: los pacientes.

– Saxol trabaja para proteger a los pacientes durante la quimioterapia evitando la neuropatía periférica, un efecto secundario que a menudo obliga a los médicos a reducir o detener el tratamiento. Al proteger al paciente, Saxol garantiza que pueda continuar la terapia más tiempo y con dosis eficaces.

– Apmonia Tx ataca el microambiente tumoral, el escudo de apoyo que las células cancerosas utilizan para sobrevivir. Al romper este refugio protector, Apmonia deja a los tumores vulnerables y más fáciles de vencer.

Una protege nuestra prioridad, los pacientes. La otra debilita a nuestro enemigo, el cáncer en sí. Juntas, representan dos movimientos esenciales de la misma lucha.

¿Qué es la coopetición?

La coopetición es el equilibrio entre cooperación y competencia. Demuestra su fuerza cuando diferentes actores combinan sus recursos, conocimientos y perspectivas sin perder sus propias ambiciones. Los competidores pueden convertirse en colaboradores cuando el objetivo es más grande que una sola empresa o laboratorio. Pueden compartir datos, abrir sus líneas de producción o trabajar juntos en plataformas de ensayos clínicos, mientras cada uno sigue su camino comercial.

El equilibrio es delicado. Demasiada competencia frena el progreso porque los descubrimientos se quedan encerrados en silos. Demasiada cooperación puede diluir la motivación y difuminar la responsabilidad. El poder de la coopetición surge de saber dónde trazar la línea: colaborar en los fundamentos de la ciencia y competir en las aplicaciones. Ese ritmo es lo que la convierte en un acelerador de la innovación.

El auge de la edición genética con CRISPR-Cas9 lo muestra claramente. Cuando aparecieron las primeras investigaciones, laboratorios de todo el mundo empezaron a probar, perfeccionar y publicar sus propias soluciones. En lugar de un único canal lento de descubrimiento, decenas de equipos contribuían al mismo tiempo. Cada avance sumaba una pieza más al rompecabezas, y la tecnología progresaba a un ritmo que habría sido imposible para un solo laboratorio.

En el centro de esta historia están Emmanuelle Charpentier en Berlín y Jennifer Doudna en California. Dos científicas de países distintos, dos universidades, dos culturas de investigación. Combinando su experiencia compartieron en 2020 el Premio Nobel de Química. Después de eso, ambas apoyaron y fundaron empresas alrededor de CRISPR: CRISPR Therapeutics, ERS Genomics, Mammoth Biosciences, Caribou Biosciences. Hoy estas startups compiten en el mercado biotecnológico, pero todas crecieron desde esa base común.

El resultado no es solo una herramienta científica; es también una industria global. CRISPR se ha convertido en un cambio de paradigma en biotecnología, transformando la medicina y la investigación años antes de lo previsto. Esto sucedió porque el campo abrazó la coopetición. Los científicos colaboraron en el descubrimiento y, después, la competencia empujó esos hallazgos hacia terapias que pueden salvar vidas.

Lo que podemos lograr con la coopetición

La coopetición es una caja de herramientas para construir soluciones reales en ciencia, salud y tecnología. Cuando la adoptamos, esto es lo que permite:

Es una de las formas más efectivas de ampliar mercados pequeños. Cuando los actores de un mismo campo trabajan juntos, aumentan la visibilidad, generan impulso y hacen que su área sea más conocida y atractiva para la inversión. Al mismo tiempo, este tipo de colaboración ayuda a crear relaciones valiosas. Las redes construidas de esta manera permiten pedir ayuda cuando surgen obstáculos y ofrecer apoyo cuando otros lo necesitan. La confianza fluye en ambas direcciones, y la innovación avanza más rápido.

El progreso clínico es otro ámbito donde la coopetición demuestra su fuerza. Colaborar permite acceder a más datos de pacientes, conseguir objetivos más sólidos y obtener resultados más fiables. Reconocer el mérito de otros cuando resuelven otra parte del reto fortalece el ecosistema, y el éxito compartido se vuelve más valioso que los logros aislados.

Los recursos a menudo parecen limitados, pero la coopetición abre nuevas puertas. La financiación, el talento, la infraestructura e incluso el espacio de laboratorio pueden generarse colectivamente y usarse de manera más eficiente con modelos compartidos. El apoyo emocional también forma parte de este marco: aunque quienes te rodean no lo entiendan del todo, conectar con personas que enfrentan las mismas dificultades genera resiliencia y puede ser un salvavidas cuando estás a punto de rendirte.

Las plataformas compartidas ayudan a establecer estándares globales que reducen duplicaciones, generan confianza y aceleran la adopción mundial. Como resultado, las vías regulatorias se vuelven más predecibles y rápidas. Este entorno atrae a inversores a largo plazo, mucho más dispuestos a comprometer capital con ecosistemas resilientes y escalables que con actores aislados. Los riesgos se reparten en la red, los fracasos se absorben mejor y los éxitos escalan más rápido.

Estas acciones demuestran que la coopetición es más que un concepto abstracto. Es una manera de ampliar mercados, acelerar la ciencia, reducir riesgos de inversión e incluso sostener el espíritu humano en tiempos difíciles. Convierte esfuerzos aislados en ecosistemas donde cada participante avanza más rápido porque los demás existen.

Trabajar en coopetición no significa borrar fronteras. Significa trazarlas con claridad. Establecer acuerdos mutuos, definir responsabilidades y mantener un equilibrio saludable entre dar y recibir. No caigas en los extremos de ser un ángel que lo sacrifica todo o un demonio que solo toma sin devolver. Concéntrate en tu trabajo, protege tus intereses y comprométete plenamente con avanzar en tu misión.

Si la idea de coopetición aún parece lejana, te dejo una pregunta: ¿y si tus competidores ya están colaborando?