El efecto placebo
En nuestra opinión, el 5G Bioshield no es más que una memoria USB de 5 libras con una pegatina. Si la pegatina proporciona o no tecnología de catalizador holográfico cuántico por valor de 300 libras, te lo dejamos decidir a ti.
Phil Eveleigh, Pen Test Partners
Seguro que has oído hablar del efecto placebo; gente que afirma sentirse mejor porque les hacen creer que están recibiendo tratamiento médico, cuando en realidad les dan agua de colores con azúcar.
Aunque suene extraño, no se trata de una «mejora imaginaria»; es un fenómeno biológico medible, mediado por el cerebro, que altera la química corporal y mejora la salud del organismo. En otras palabras: si crees que estás recibiendo tratamiento, el cuerpo activa mecanismos reales y efectivos de autocuración.
Esto no es una metáfora. En modelos controlados en laboratorio, la analgesia por efecto placebo puede bloquearse co naloxona, un antagonista de los opioides, lo que demuestra que los sistemas opioides endógenos se activan cuando en personas que creen estar recibiendo tratamiento. La teoría moderna postula que el efecto placebo, en realidad, incluye múltiples efectos: la expectativa, el aprendizaje y el ritual terapéutico pueden tener un efecto físico en las vías nerviosas, y estos efectos pueden observarse y cuantificarse mediante neuroimagen y análisis farmacológico.
En resumen, nuestro cerebro tiene la asombrosa capacidad de sanar el cuerpo simplemente porque le da la gana. ¿Y cómo aprovecha la sociedad este poder extraordinario? La respuesta, como en tantas otras cosas de la vida, es “el uso indiscriminado de mentiras”. Hala, ¡a practicar la pseudociencia!
Sucusión
Homeopatía: remedios diluidos hasta el punto en que, estadísticamente, no queda nada de la sustancia original.
Sí, literalmente nada: por ejemplo, uno de los remedios más populares, Oscillococcinum para la gripe, con ventas mundiales de alrededor de 200 millones de dólares. Está tan diluido que el universo tendría que ser 10¹⁰⁷ veces más grande para que la analogía “tan diluido como un solo átomo en todo el universo” fuera válida. Así de diluida está la homeopatía: hace que la totalidad del universo conocido parezca poquita cosa. Increíble!
El principio de acción de las moléculas homeopáticas no se basa en su presencia, sino en la huella que dejan a su alrededor – un poco como una expareja. Los productos se someten a un proceso de agitación llamado “sucusión”, que de alguna manera aumenta su potencia al dejar una impronta en el diluyente (generalmente agua o etanol). Un estudio de 2003 demostró que las ultradiluciones de sales daban lugar a diferentes curvas de termoluminiscencia en el agua según si la sustancia original era litio o sodio, concluyendo que los enlaces atómicos de las moléculas de agua se habían modificado de manera diferente según la sal ultradiluida original. Sería una absoluta revolución química… salvo que este estudio ha sido desacreditado por no ser científico: nadie ha sido capaz de replicar los resultados.
Pero por divertido que sea reírse de la pseudociencia y hacer malabares con potencias astronómicas, todo eso es irrelevante: la homeopatía, de hecho, funciona. Te guste o no, ¡funciona!
Por ejemplo, consideremos el ensayo randomizado de Reilly et al. de 1986 sobre alergias, que utilizó una dilución 30C de moléculas de polen. Por mucho que “30C” quiera decir un nivel de dilución cien billones de veces mayor que la de una sola molécula de polen en todos los océanos de la Tierra, los pacientes que tomaron el remedio homeopático experimentaron una mejoría de sus síntomas de entre un 30 % y un 40 %.
Hay muchos otros ejemplos: un remedio contra la diarrea permitió recuperarse en unos 3 días en lugar de 5, otro aumenta el tiempo de sueño en hasta 30 minutos en personas con insomnio (aproximadamente un 50% del efecto de los fármacos químicos), y otro demostró reducir el dolor de espalda en unos 7 puntos (aproximadamente el 30% del efecto de los analgésicos opiáceos). Ya no te ríes tanto, ¿eh?
Pero, por supuesto, hay truco: estos ensayos comparan la homeopatía con “ningún tratamiento”. Porque si la comparamos con un placebo (personas a las que se les da agua sola pero se les dice que están recibiendo tratamiento), todos los remedios homeopáticos dan el mismo resultado: los pacientes que toman placebo mejoran tanto como los que reciben homeopatía.
El mecanismo que plausiblemente está detrás de este efecto, en ausencia de cualquier mecanismo físico creíble, es el efecto placebo disfrazado de medicina. Las consultas homeopáticas son notoriamente teatrales: suelen durar de 3 a 6 veces más que las consultas médicas estándar y son muy personalizadas, incluyendo preguntas relevantes como:
• ¿Cómo reaccionas ante los cambios climáticos (por ejemplo, antes de una tormenta)?
• ¿Cuáles son tus aficiones o hobbies?
• ¿Cómo expresas tu ira?
• ¿Eres una persona fría o una persona de sangre caliente?
• ¿Tomaste pecho de pequeñito? Si es así, ¿durante cuánto tiempo?
Finalmente, los productos tienen apariencia médica, y el poder psicológico de “estoy recibiendo tratamiento” hace el resto. Si quieres creer, la homeopatía funciona.
Dicho sea de paso: en base a esta premisa, la oración, el rock and roll o los Cristales Sagrados de la Duodécima Alineación de Urano también funcionan.

Si los adultos pueden sentir una mejoría genuina ante la apariencia de autoridad médica, imagínate los niños: los pobres se creen cualquier cosa que les digan sus mamis y papis, y, de hecho, la homeopatía tiene un porcentaje de uso pediátrico mucho mayor que los medicamentos convencionales. En Francia, posiblemente el país que más ha adoptado la homeopatía en Europa, entre el 30 % y el 50 % de los padres afirman administrársela a sus hijos, y hasta el 80 % de los usuarios dicen estar satisfechos con los resultados .
Cada quien es libre de usar lo que quiera para sentirse mejor hasta que su gripe desaparezca por sí sola, pero una advertencia: el placebo o la homeopatía solo funcionan para síntomas leves: dolor, insomnio, depresión, fatiga, etc. En enfermedades graves, como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, los trastornos neurológicos o las fracturas óseas, no sirve de nada. Cuando los resultados de una medicación son medibles (regresión tumoral, recuento sanguíneo, regeneración ósea), el efecto de la homeopatía es prácticamente nulo. Ni lo intentes.
Mercado global: alrededor de 10 mil millones de dólares
Subluxaciones
La afirmación «masajear la columna puede aliviar el dolor de espalda» difícilmente merece un premio Nobel (bueno, quizás un Premio Nobel de la Paz; se los dan a cualquiera). Pero ¿qué tal «masajear la columna puede curar el asma o el cáncer»? Eso sí que sería notable. Pero… ¿es cierto?
Como técnica manual que busca hacer crujir las vértebras, la quiropráctica tiene una sólida trayectoria en el tratamiento del dolor de espalda, con resultados bastante comparables a los de la fisioterapia. Sin embargo, más allá de su evidente nicho musculoesquelético, esta técnica se ha extendido alegremente hasta convertirse en un sistema de salud metafísico completo, basado en la teoría de que pequeñas desalineaciones en la columna vertebral (llamadas “subluxaciones”) interfieren con las señales nerviosas entre el cerebro y los órganos.
• ¿Asma? Los pulmones no están correctamente “inervados”.
• ¿Problemas intestinales? Órganos digestivos desregulados.
• ¿Inmunidad? Interferencia del sistema nervioso.
Corregir estos desarreglos nerviosos restablece la función normal, lo cual se logra manipulando uno u otro conjunto de vértebras y explicando a los pacientes que, de este modo, se ha vuelto a regular uno u otro conjunto de nervios.

¿Suena sospechoso? Claro; lo es. Las subluxaciones son un concepto sin fundamento físico discernible, lo que las sitúa prácticamente al mismo nivel que el universo de He-Man en cuanto a solidez científica. Pero, al igual que la homeopatía, sí mejora el control del dolor… si lo comparamos con la ausencia de tratamiento.
Las revisiones oficiales de los resultados del Tratamiento de Manipulación Espinal (“SMT”, por sus siglas en inglés) muestran, por ejemplo, que los pacientes experimentan una mejoría del 10 al 20 % en la sensación de dolor en comparación con la ausencia de tratamiento. Pero en comparación con un tratamiento simulado (un actor masajeando la espalda al azar), la mejoría no pasa del 5 %, por debajo del umbral de significación clínica mínima.
Y, por supuesto, los ensayos clínicos sobre el tratamiento quiropráctico de otras afecciones (asma, hipertensión o infecciones) han arrojado resultados predecibles: ningún efecto, o no mejor que el placebo.
Aún así, la quiropráctica es utilizada por aproximadamente 200 millones de personas al año en todo el mundo, incluyendo cerca del 10% de los adultos en Norteamérica. En Estados Unidos, Medicare y muchas aseguradoras privadas la cubren, y en países como Suiza está integrada en el seguro médico obligatorio.
Mercado global: incierto, entre 4 y 19 mil millones de dólares.
Meridianos
La acupuntura se basa en la idea de que el cuerpo contiene redes de meridianos por los que fluye una energía vital, el Qi . La enfermedad, esa malvada aguafiestas, surge cuando este flujo se interrumpe, pero insertando agujas en puntos de acupuntura específicos, los profesionales restablecen este equilibrio y normalizan el funcionamiento de los órganos y sistemas. Y además se quema incienso, que quizá no ayuda pero tampoco puede hacer daño.
Este concepto se ha puesto a prueba hasta la saciedad: se estima que se han realizado 20.000 ensayos clínicos sobre acupuntura, o que es una cifra estratosférica; es mucho mayor que la suma de los ensayos clínicos hechos en inmunoterapia, estatinas cardiovasculares, antidepresivos y analgésicos no esteroideos (ibuprofeno, etc.). Los resultados, en cambio, han sido predeciblemente predecibles: al comparar la acupuntura oriental auténtica con falsa acupuntura (utilizando agujas simuladas, puntos incorrectos, dispositivos retráctiles, etc.), se demuestra que la acupuntura funciona exactamente como un placebo.
Como ejemplo claro, tomemos el resumen numérico del metaanálisis de datos de pacientes de Vikers (17.922 pacientes) sobre acupuntura en pacientes con dolor crónico:
• Sin tratamiento → dolor 60/100
• Acupuntura simulada → dolor 45–50/100
• Acupuntura real → dolor 42–47/100
Los ensayos de acupuntura alemanes de 2006 (GERAC) llegaron a la misma conclusión: a los 6 meses, en pacientes con lumbalgia crónica, el 48 % mejoró con acupuntura, frente al 27 % con el tratamiento convencional, lo que supone un beneficio sustancial. Sin embargo, la acupuntura simulada obtuvo una mejora del 44 %, casi el mismo resultado que la acupuntura real. En la práctica, de cada 100 pacientes, unos 20 mejoran gracias al contexto (ilusión de tratamiento, relajación, incienso, etc.), y solo 3 se benefician del efecto específico de las agujas.
El sistema sanitario alemán sabía, pues, que la acupuntura funcionaba, pero también que un actor con bigote postizo pellizcando la piel del paciente al azar mientras ponía discos de Cafe Del Mar conseguía los mismos resultados. Aún sabiendo esto, tomaron la audaz decisión de cubrir la acupuntura para el dolor de espalda y la artrosis de rodilla.
¿Una decisión estúpida? Bueno, no tanto: el tratamiento estándar para el dolor de espalda es, por desgracia, el ejercicio. El ejercicio es aburrido, se suda mucho y hay que ir al Decathlon a comprar ropa deportiva de colores horribles; como consecuencia, alrededor del 60 % de los pacientes abandonan el tratamiento. Pero la acupuntura, al igual que la quiropráctica, solo requiere que la gente se presente donde le digan, se quite la camiseta, se calle y deje que alguien les haga un masaje o les clave unas agujas. Es tan fácil que en Alemania casi el 90 % de los pacientes de acupuntura completan sus ciclos de tratamiento. Así que… muy eficaz no es, pero al menos la gente lo utiliza.
Muchos otros países, incluidos Estados Unidos, Suiza, Reino Unido e Italia, también ofrecen acupuntura pública en sus sistemas de salud, lo que demuestra que los gobiernos están dispuestos a apostar por el efecto placebo siempre que venga empaquetado como algo que la población acepta. Por ejemplo, nada menos que el 67 % de los suizos votaron a favor de incluir la acupuntura en el sistema público de salud en un referéndum de 2009. Ahí queda eso.
Mercado mundial de acupuntura: aproximadamente 41 mil millones de dólares.
Catálisis holográfica cuántica
¿Sientes la cabeza pesada, la mente nublada? ¿Desmotivado? ¿Tienes un exceso de energía frenética? ¿Tu vibración energética es baja, o la actividad de tu glándula pineal está por los suelos? ¿Y todo esto comenzó a suceder durante la pandemia del COVID? Si es así, podrías ser una víctima más de la conspiración global del 5G.
Por si no la recuerdas, y aunque la secuencia exacta de los hechos es un poco difícil de seguir, va de esto: parece que Bill Gates instaló torres 5G en el grafeno y la vacuna contra el COVID se usó para amplificar los… estee… ¿rayos cósmicos? Algo así. En fin, allá por 2020 el mundo se volvió loco con teorías de este tipo (más loco de lo normal) y apareció toda una serie de dispositivos llamados “escudos 5G”, diseñados para proteger a la gente de Bill Gates y su oscura panda de Illuminati.
Un buen ejemplo es el Bauer 5G Bioshield, un dispositivo comercializado entre 2020 y 2022. Sus fabricantes afirmaban que “mediante un proceso de oscilación cuántica, equilibra y rearmoniza las frecuencias perturbadoras derivadas de la contaminación electromagnética generada por dispositivos como ordenadores portátiles, teléfonos inalámbricos, wifi, tabletas, etc.” Este dispositivo en particular, que se vendía por unos 350 euros, se hizo famoso porque resultó ser una memoria USB con una pegatina.

Aunque esto pueda parecer una completa tontería, en realidad hay que concederles un punto a favor a los conspiranoicos. La realidad es que entre el 3 % y el 5 % de la población se queja de sensibilidad a los campos electromagnéticos (CEM), y entre el 1 % y el 2 % experimenta una “discapacidad significativa” debido a la CEM. Estas personas utilizan los servicios sanitarios con mayor frecuencia, faltan al trabajo, suponen una carga para sus familias y representan un coste real de cientos de millones de euros cada año solo en la UE.
Como era de esperar, tres ensayos clínicos independientes realizados entre 2005 y 2007 demostraron mas allá de cualquier duda que la sensibilidad a los campos electromagnéticos (CEM) es una enfermedad completamente inventada. Pacientes con sensibilidad a los CEM fueron expuestos, a ciegas, tanto a campos electromagnéticos simulados como reales, y su capacidad para detectar la diferencia fue nula. Al decirles que se encontraban bajo un campo electromagnético, reportaron entre un 20 % y un 50 % más de síntomas, con o sin campo de energía real.
Entonces… ¿pueden estos dispositivos de protección 5G, completamente falsos, ayudar al sistema de salud? Sorprendentemente, la respuesta es sí. Aunque no pueden solucionar la causa subyacente de este aumento masivo de problemas de salud mental, sí pueden ayudar a algunas personas a sentirse menos ansiosas, y descargar así al sistema de salud de la atención que requieren sus fantasías. ¡Algo es algo!
Mercado mundial de protectores contra la radiación electromagnética: se estima en 7.400 millones de dólares.
Estancamiento linfático
Las dietas y limpiezas Detox son, quizás, una de las narrativas médicas no científicas más exitosas. El concepto de “desintoxicación” se basa en la idea de que la vida moderna acumula toxinas indefinidas en el cuerpo, lo que provoca afecciones como estancamiento linfático, congestión hepática, acumulación de placa mucoide, lodo intestinal, acidez sistémica y fatiga suprarrenal.
¿Te suena a «exceso de sangre», «putrefacción de humores» o «disposición melancólica»? Debería. La mayoría de términos utilizados en el mundo Detox carecen del mínimo fundamento fisiológico, y deben entenderse como metáforas – un patrón que comparten con la medicina medieval, los textos religiosos y los juegos de rol de fantasía.
La teoría de la desintoxicación dice que una limpieza a fondo (con zumos, ayunos, tés, suplementos, masajes con aceite de ricino, etc.) puede eliminar estas toxinas, sean cuales sean, y mejorar la energía, la piel, la digestión, el estado de ánimo, la libido, el peso y el aura.
La verdad, como era de esperar, es que ninguno de estos productos desintoxicantes elimina las toxinas del cuerpo; el hígado y los riñones son los que se encargan de ello. Desde una perspectiva puramente científica, los ensayos clínicos no han mostrado ningún efecto más allá de una pérdida de peso temporal y cambios a corto plazo en la composición de la microbiota. En otras palabras, hacer dieta provoca pérdida de peso (principalmente agua y glucógeno), y dejar de comer comida basura mejora la salud intestinal. Acompañarlo de teorías pseudomédicas sobre la desintoxicación hepática y el flujo de toxinas es una especie de espectáculo secundario inofensivo y neutral.
En cuanto a los numerosos “ensayos” que respaldan las afirmaciones sobre la eficacia de la desintoxicación, la revisión de Klein y Kiat de 2015, que analizó 20 estudios publicados sobre desintoxicación, concluyó que solo 2 cumplían los criterios mínimos para ser considerados “estudios”, e incluso estos adolecían de muestras poblacionales demasiado pequeñas y de metodologías deficientes, lo que los hacía inaceptables como evidencia clínica.
En definitiva, la desintoxicación funciona porque suele implicar restricción calórica, abstinencia temporal de alcohol y alimentos ultraprocesados, mayor hidratación, y ejercicio – además de gastar 139 euros en un desintoxicante de silimarina, que solo perjudica a tu bolsillo.
¿La gente podría simplemente optar por mejorar su dieta y hacer algo de ejercicio? Claro. Pero si algunas personas necesitan desembolsar 139 euros y frotarse aceite de ricino en el abdomen para empezar a hacerlo, quizás deberíamos considerar la desintoxicación simplemente como un impuesto a los crédulos.
Lo cual no es tan malo: se estima que el 80% de los europeos y el 90% de los norteamericanos tienen una mala alimentación o no hacen ejercicio en absoluto; si todo este rollo de la desintoxicación puede ayudar a reducir los casi 90.000 millones de euros que la UE gasta al año en el tratamiento de la diabetes, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares atribuidas a la obesidad y la falta de ejercicio, ¡adelante!
Mercado mundial de desintoxicación: 71 mil millones de dólares

Para terminar
Estas cinco prácticas difieren en su estética —gránulos de azúcar, agujas, articulaciones que crujen, pegatinas luminosas, zumo verde—, pero convergen en el mismo mecanismo neuropsicológico. La expectativa es lo principal: si crees que vas a sentirte mejor, el cerebro modifica la predicción y la percepción, y en ámbitos como el dolor, la respuesta biológica puede incluir una verdadera liberación de opioides endógenos.
Y seamos sinceros: los humanos necesitamos narrativas para hacer cosas. Hace dos mil años, la gente necesitó creer en un castigo sobrenatural para dejar de decapitar a sus vecinos cada martes por la tarde, y las religiones tuvieron su época dorada como organizadoras de la sociedad. Hoy en día, mucha gente necesita un toque de espiritualismo oriental o de discurso antisistema para decidir actuar en pro de su propia salud, ya sea porque desconfían del sistema (comprensiblemente, por cierto) o porque necesitan una buena historia para prestar atención a cosas sin importancia (como su esperanza de vida).
En definitiva, lo ideal sería que la gente fuera menos ignorante y más responsable con su propia salud, pero la cultura y la responsabilidad individual no parecen estar entre las 100 principales prioridades de nuestra sociedad en este momento, así que tenemos que conformarnos con la segunda mejor opción: envolver el efecto placebo en un manto de pseudociencia, cosechar sus escasos beneficios, y gracias.
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